¿Qué aportan los elementos?

Los elementos, o Hsing en chino, son aportaciones esencialmente dinámicas. Tienen el poder de suavizar o reforzar algunos rasgos del carácter. Un Jabalí fuego será más sensual e intrépido que un Jabalí agua y éste más intuitivo que aquél. Se dan más detalles de estos ele mentos característicos en el apartado denominado Elementos. Y como en China todo participa del ¡j: Todo, estos elementos están estrecha-mente relacionados y forman entre ellos los acuerdos y los desacuerdos que forjan la naturaleza profunda de un ser.
«La tierra engendra el metal que engendra el agua, qué engendra la ma dera, que engendra el fuego, que en gendra la tierra». El círculo perfecto. Pero… «el metal perjudica a la made ra, el agua extingue el fuego que que ma la madera, la cual regresa a la tierra que encierra en ella a todos los de más elementos».
Cuando estudie su tema, no se inquie te por las contradicciones que vayan apareciendo. ¡Están ahí para compen sar al ser en armonía; el exceso de uno de los elementos podría ser todavía más nefasto, siendo lo mejor enemi go de lo bueno!
En el apartado referido no deje de leer el párrafo denominado Yin Yang, esencial para englobar mejor su per sonalidad. Y finalmente, el último ca pítulo le desvelará cuan complemen tarias son nuestras dos astrologías, pe se a que se alimentan de fuentes de in vestigación muy diferentes. En efecto, si la astrología occidental se fundamenta en los movimientos de los planetas, la astrología china se ba sa en el calendario. Por esta razón se la conoce a veces por el término «cro-nomancia».
Para penetrar en el espíritu adivina torio oriental, no hay que olvidar nun ca que el chino sabe tener siempre la posibilidad de ser dueño de su desti no; el siguiente cuento popular, entre sacado del Liaozhai, refleja perfecta mente lo que acabamos de decir: «Un joven junzi (joven noble y doc to) vio, en sueños, a los dos sabios que confeccionaban el Libro de los Muer tos. El calor era agobiante y los dos acólitos del «juicio infernal» fueron a apagar su sed; aprovechando ese momento, el joven letrado, llevado por la curiosidad, empezó a leer la pági na de los próximos hombres destina dos a morir. Al ver su nombre entre ellos, cogió un pincel y modificó los caracteres para atribuirse cien años más de vida, y se marchó. Los sabios, a su regreso, se dieron cuenta del cam bio. ¿Qué podían hacer? Tachar los caracteres habría demostrado su ne­gligencia. Sin embargo, podrían arre­glarlo alterando otros caracteres. De este modo, el joven se vio agraciado con cincuenta años más de vida».
Ojalá este libro consiga, más que col mar su curiosidad, abrirle una brecha en el Camino.

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